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" —Pero, muchacho, muchacho, no es posible. —Carraspeó—. La verdad es que no te comprendo. Me lo adviertes ahora. ¿Por qué no lo hiciste al iniciar las gestiones? Es absurdo que lo decidas así —miró a su esposa—. ¿Tú qué dices, Gracia? —No esperó respuesta—. Estudiar una carrera, hacer las prácticas en el extranjero, para esto... La verdad, muchacho, créeme que es absurdo. —Lo he decidido así, papá —adujo Ignacio sin inmutarse. El doctor Lavandera se mordió los labios. Evidentemente le costaba mantenerse sereno. De súbito sé puso en pie, dejó el comedor y su esposa e hijo lo siguieron en silencio. Doña Gracia asió el brazo de su hijo y susurró: —¿Estás decidido? —Completamente decidido, mamá. —Diré como tu padre: no te comprendo."